Un club de barrio se funde. Una mujer alquila el antiguo local, lo refacciona y lo trasforma en prostíbulo, entre banderines, trofeos y fotos de las antiguas glorias del deporte. La gente del barrio se empieza a incomodar. Igual, nadie dice nada. Llega el día en que dos viejitos ya no soportan más. Llaman al presidente del club y le piden que interceda. Luego de varias idas y vueltas logran desalojar el local. El lugar es hoy una Iglesia. De todo este puterío habla el documental El Bella Vista.
