El Estado compró Las Nubes

Chalet El histórico chalet “Las Nubes”, que perteneció a Enrique Amorim y Ester Haedo, fue adquirido por el Estado y será transformado en centro cultural con un área dedicada al escritor. El chalet ocupa dos padrones en la ciudad de Salto, en la Avda. Enrique Amorim a la altura del 1700, frente al Parque Solari. Los dos padrones fueron adquiridos por la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación, por una suma de US$ 225.000.

 

Una casa, allá arriba. Entre los árboles pasa inadvertida. La planta baja libre de paredes, la superior apoyada sobre pilotes que rematan en forma de copa, todo blanco, nada fuera de lugar, y en el medio un hueco por donde el sol se inmiscuye y da luz a toda la planta. Dicen que en el Café de la Paix, Le Corbusier bosquejó la casa en una servilleta y con esa idea vinieron a Salto Enrique y Esther. Cada rincón esconde una historia; allá arriba Jorge Luis Borges escribió “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, acá donde estamos sentados estuvo Horacio Quiroga.

Las Nubes, mítica casa de Enrique Amorim, es un lugar de memoria. En otras latitudes cualquier casa donde haya vivido un escritor destacado lo es. Pero la alarma que provocó hace un mes el anuncio de su venta responde también a su originalidad arquitectónica y a la vida cultural que la habitó, a las celebridades que la visitaron, al monumento a Lorca junto al río, a las huellas de una pasada intensidad.

Junto al logotipo celeste sobre blanco a modo de guarda art déco, Las Nubes –refiero ahora a esas dos palabras– presiden abundante correspondencia y escritos de Enrique Amorim. El logo está también en una baldosa de esta casa construida entre 1928 y 1931, que es una muestra de la mejor arquitectura moderna. En Wikipedia todavía se atribuye su diseño a Le Corbusier, pero el genial suizo no habría hecho más que una sola casa en América del Sur, esa de La Plata que sirve de locación (y de motivo) a El hombre de al lado, la muy buena película argentina, hoy en cartelera. Una inscripción en la fachada del chalé salteño desmiente honesta y orgullosamente ese error y detalla así los créditos de autoría: “Calculista: ingeniero Antonio Texeira Campos, constructores: José y Santiago Texeira Campos sobre ideas de Enrique Amorim”.

El entusiasmo por las nuevas corrientes arquitectónicas fue en esos años una seña de reconocimiento entre los espíritus de avanzada, y muchos intelectuales, si disponían de los medios necesarios, plasmaban su entusiasmo en una casa. Así la de Victoria Ocampo en Mar del Plata, inspirada en un chalé que Robert Mallet Stevens hiciera para los vizcondes de Noailles en el sur de Francia.1 Muchos intelectuales y artistas latinoamericanos encontraron la anhelada renovación en las líneas limpias de la arquitectura racionalista tanto como en los cuadros de los pintores de vanguardia que los más afortunados colgaron en sus interiores.

SIN FIRMA

“Las Nubes impresiona por su calidad y por ser una de las primeras y solitarias expresiones de la vanguardia arquitectónica en Uruguay y en América Latina”, escribe el arquitecto Juan Pedro Margenat,2 que celebra la audacia rupturista del escritor y reconoce en la casa el estilo funcionalista de Le Corbusier en una serie de rasgos: los pilotes sobre los que se levanta (aunque de un fuste más robusto y pesados que los de su modelo), el revoque blanco desprovisto de elementos decorativos, las ventanas apaisadas, el techo plano y la escalera de acceso en espiral.

Hoy abunda el saludo a la originalidad de esta casa, y es posible ver en la web un video de Pincho Casanova donde el arquitecto y artista plástico César Rodríguez Musmano diserta in situ sobre el valor del chalé. Pero por mucho tiempo, dice Margenat, la crítica arquitectónica ignoró esta “magnífica realización”, en parte por la ceguera proverbial del centralismo montevideano y, fundamentalmente, porque es obra de un “no titulado”. Tal vez es tiempo de pensar que, como él supo y dejó escrito en la fachada, Las Nubes es como cualquiera de sus libros, una obra suya y de su tiempo. Una razón más para conservarla. En julio de este año la Comisión de Patrimonio de Salto organizó una muestra con las fotografías que el escritor tomó de cómo se iba construyendo la casa. Y hay una película filmada por Amorim que registra la construcción de Las Nubes, donde aparece Esther y el escritor junto a amigos y constructores. Estrenan la piscina, sonríen a la cámara. Siguen viviendo.

INTERIORES

En 1973 la casa de Amorim fue declarada patrimonio histórico. En la resolución de entonces se declaraba bien patrimonial a la casa y también, aunque sin especificaciones y sin que mediase un inventario, a los objetos que en ella reflejasen su mundo. Ahora esa vaguedad fomenta desconcierto. Cuando esa declaración tuvo lugar todavía habitaba la casa Esther Haedo, que sobrevivió a su esposo hasta 1996. Amigo de artistas y de escritores, el mundo de Enrique Amorim estaba ambientado por cuadros y libros valiosos. Sobre todo los cuadros. El cineasta Alberto Cocco confiaba a Alfredo Alzugarat el dolor que sintió ante “el estado en el cual encontraba todo en Las Nubes”. Hoy son varios los testimonios que dicen que el inmueble está abandonado, que faltan muchas cosas.

El 26 de octubre pasado, el ministro Ehrlich y la Comisión de Patrimonio, acaso como respuesta al clamor por salvar Las Nubes, ratificaron la declaración de Monumento Histórico Nacional (mhn) referida a la casa, reiteraron la prohibición de alterarla y la obligación que corresponde a sus dueños de repararla. Además incluyeron al automóvil Chrysler modelo Windsor de seis cilindros del año 1954 como mhn. Un fiasco para la persona que después de leer el artículo de Alzugarat en El País Cultural se tomó el trabajo de ubicar al periodista para decirle que quería comprar ese auto. La misma resolución 1.233 del mec dispuso la factura de un inventario de los muebles, obras de arte y libros que hay hoy en la casa. Esa tarea todavía está en proceso. La casa conserva sus muebles originales y los manteles vainillados y bordados por la propia Esther, pero si se compara lo que hay hoy con los objetos que revistan las fotografías del sitio web archivodeprensa dedicado al escritor, se notan ausencias: un plato de cerámica con dibujo de gallo firmado por Picasso, el jinete articulado que usaba Esther en sus clases de dibujo y un arpa, entre otras cosas, ya no están en Las Nubes. La diferencia sugiere algunas cuestiones de interés. ¿Puede declararse patrimonial a un cuadro de otro artista que fue comprado o recibido como regalo? Más claro: si en la casa hay un Picasso –ese famoso cuadro que denuncian muchos aunque nadie describe– ¿puede el Estado protegerlo porque considera que ese cuadro es parte de su atmósfera y contexto cultural? ¿Le estará prohibido a los herederos sacarlo del país? Se dice que cuando la familia quiso asegurar ese Picasso ninguna aseguradora local aceptó un riesgo tan grande. En estos casos pareciera que el tamaño (¿o el valor?) importa.

En el caso de Las Nubes algunos de estos problemas no pueden considerarse, desde que no existió un inventario. Además pudo haber disposiciones testamentarias que dieran otros destinos a algunos de los objetos. No tenemos noticia de que Amorim haya testado. Murió a los 60 años y era demasiado vital como para hacerlo. Pero Esther Haedo, su viuda, sí lo hizo. Sus disposiciones algo pueden decir de esta larga historia. Entretanto, el ubi sunt de algunos cuadros queda incierto hasta que aparezca una fotografía interior de la casa que los muestre, o hasta que alguien recuerde o investigue. Si el mentado Picasso hubiese quedado en la casa, seguramente requeriría unas garantías de seguridad excepcionales, pero una buena reproducción en el sitio donde estaba el original puede dar la atmósfera y documentar la época.

Artículo realizado junto a la periodista Ana Inés Larre Borges para el Semanario Brecha (Uruguay)

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