Seguís pensando en volver

Fotografía: Mariana Olivera
Fotografía: Mariana Olivera
La experiencia de la emigración forzada durante el pasado reciente marcó a fuego a buena parte de los uruguayos. El documental “Exiliados”* habla un poco de eso, de una familia que se fue a principios del 2000, antes de la crisis, de una directora-protagonista, Mariana Viñoles, que vuelve a su país luego de cinco años de exilio para contar la historia de su padre, sus dos hermanos, y de su amiga íntima, quienes han decidido salir del Uruguay en busca de nuevos horizontes.

No sé porque cuando hablan de exilio pienso en dictadura, debe ser porque nací en Uruguay. Un país que hasta a hace muy poco concentraba sus miradas en el Aeropuerto de Carrasco. Los exiliados son los que se fueron, los que “abandonaron”, “los que dejaron la lucha en el país y los compañeros presos”.  “Unos traidores” le llama el hermano de Mariana Viñoles en su documental, aquellos que frente al menor escollo prefirieron volar. A partir de ellos sobrevuela una gama de culpas que se van cargando y a la hora del rencuentro con los que se quedaron, tal vez por un rasgo muy uruguayo, siempre se eligió no hablar.

De repente y sin que nos diéramos cuenta la tortilla se empezó a dar vuelta. Hoy se habla del regreso de los uruguayos de los que hace unos años abandonaron – o tuvieron que abandonar - el “paisito” por la crisis económica de 2002 y ahora confían en que pueden volver y empezar aquello que había quedado en el debe. Aquí quedaron los otros, los que tal vez, sin demasiada decisión se la aguantaron, esperaron por viento nuevos que hicieran que la cosa se revirtiera. Confiaron, pensaron que era más importante quedarse y lucharla que salir a probar suerte en otros lugares. “Si te vas, te preguntan ¿Por qué te vas? Y si te quedas ¿Por qué volvés?”, se cuestiona una amiga íntima de Mariana mientras se apronta para salir a pasear en algún balneario de Rocha, en una de sus visitas al país que la vio nacer. No debe ser fácil. Ningún exilio lo es. Por eso la connotación negativa de la palabra.

Los hermanos de Mariana se van y vuelven; piensan que el país se congeló, que nada cambió. La vorágine del mundo moderno los hace no percibir lo que antes los había hecho salir. Estas personas ya no son de un lado ni del otro, esta generación de exiliados van y vienen entre su país de origen y el que los acogió, no sintiéndose identificados con ninguno en particular. Imágenes contrapuestas muestran como el “exiliado” mantiene un temor hacia los conceptos que puede verter sobre su regreso, todas sus palabras están recubiertas por un “tal vez” o un “puede ser”.

Película Mariana Viñoles se fue en 2001 para Bélgica, al menos eso cuenta en su documental. No sabemos si vislumbraba la crisis económica o simplemente necesitó cambiar de aire, lo cierto es, que una vez lejos de su tierra el volver le fue difícil. Sus hermanos dispersos por ahí, cobijados por una Europa que no parecía ser su casa, no se los veía cómodos. En esas conversaciones mano a mano con la cineasta se escapaban lágrimas, duros recuerdo y silencioso. Repetían constantemente – con miedo a que esa idea se les esfume alguna vez – que su ilusión era volver, que iban a volver. Pero los años pasan y esos sentimientos van quedando a un lado. Hoy son muchas las “Marianas” que volvieron a su país, que le dieron una segunda oportunidad, pero no es lo mismo, Viñoles lo dice: “ya no soy la misma”.

Los exilios son más comunes de lo que se cree. Se va la gente del barrio porque necesita estar más cerca del trabajo, otros prefieren ir a la ciudad para vivir más cómodos, se va el hijo de su casa y deja “el nido vacío”. “Exilio” es el que canta el dúo Larbanois - Carrero que le hace poner la piel de gallina a los gurises del interior que “envejecieron sus zapatos transitando calles gastadas de esperanzas en su andar y metieron en su cuerpo tenue olor a sal”. Es duro, cualquier exilio es duro.

Aquel que cantan los músicos y cuentan los poetas que se tuvieron que ir durante la dictadura militar, que habla de añoranza, de pasado y de sentimientos compartidos. Aquel que cada vez que renace hace brillar los ojos de los que vivieron. Otros, los de generaciones posteriores, tal vez no los entendemos, mejor dicho no los comprendemos, pero sin dudas que lo imaginamos.

“No sé qué dice el viento del exilio”, sostiene Mario Benedetti. Ese desarraigo, irse pensando en volver, dejar a un lado lo querido por un futuro que tal vez no es el mejor. Sin dudas que es difícil.

* El documental "Exiliados" tuvo su preestreno el miércoles 27 de julio en la Sala Zavala Muniz dentro de las actividades de "La Semana Documental" de DocMontevideo. Además, el domingo 7 de agosto en el marco del 8vo. Piriápolis de Película se exhibirá el documental en el Salón Dorado del Hotel Argentino.

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